Rosario, la principal cómplice del coronavirus

La actitud de los rosarinos en las últimas semanas ha precipitado un aumento de casos y la vuelta de la transmisión comunitaria a la ciudad

Cuando el pasado 20 de marzo Alberto Fernández anunciaba el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio, todos los rosarinos, y también argentinos, cumplíamos casi a la perfección las medidas de prevención contra el covid-19. Más por miedo que por gusto, el alcohol en gel y el barbijo comenzaron a tomar un rol central y en Rosario se comenzó a trabajar para prevenir contagios de coronavirus. Habrá que preguntarse qué pasó en el medio para encontrarnos ahora con más de 40 casos diarios, transmisión comunitaria y nuevas restricciones.

Como todo en la vida, algo que recién inicia genera un impacto, y más si se trata de algo desconocido. Cuando la pandemia del coronavirus comenzó a llegar al país, las reacciones extremistas como la compra de alcohol, sanitizantes y alimentos en masa se vieron por todos los medios. De la misma manera, los cuidados y acatamiento de las normas eran una obligación, donde no había dudas en las normativas.

En el caso de la ciudad, la tercera con más población de toda la Argentina, no sólo contábamos con la presidencia del covid-19. La inseguridad y las constantes quemas ilegales en las islas también eran temas de debate, pero terminaron quedando relegados con la necesidad de atender la pandemia.

En este sentido, la municipalidad de Rosario con Pablo Javkin como actor principal comenzó con un plan estratégico de creación de centros de aislamiento y atención de síntomas primaros. Además, se produjo una extensa compra de insumos para hospitales y centros de salud.

Con este contexto, Rosario se preparó para lo peor a medida que los días pasaban. Se llegó a abril, donde el presidente continuó extendiendo la cuarentena a medida que los casos aumentaban muy lentamente. En Rosario, os casos eran mínimos, con 2 o 3 positivos por día.

En mayo, la ciudad experimentó lo que para muchos, desgraciadamente, fue una especie de “fin” de la pandemia. La ciudad estuvo más de 20 días sin un caso positivo, a medida que en el país las cifras continuaban en aumento. Esto llevó a comenzar a permitir diversas actividades, como la apertura de comercios y bares. Rosario se preparaba para la vuelta

Con la curva ascendente en el AMBA, a principios de junio la ciudad entró en fase 5. Ya no había más aislamiento, sino distanciamiento. Bares, negocios de ropa, deportes e industrias abiertas. Ciudadanos en los parques y plazas. Juntadas con amigos y reuniones  familiares. El 90% de la actividad había vuelto.

Desde el municipio seguían insistiendo con los cuidados, pero la mayoría hizo caso omiso. Saludos, abrazos e excesos en las denominadas “reuniones familiares” fueron un combo casi definitivo.

A medida de que se pasaban los días de julio, los casos comenzaron a aumentar significativamente en todos los distritos de la ciudad. Más allá de las advertencias desde gobernación, la mayoría continuamos sin escuchar pensando que ya todo había pasado, pero no fue así. El pasado 22 de julio, desde el Ministerio de Salud confirmaron que en Rosario volvió a haber circulación comunitaria del virus y cancelaron varias actividades.

Al día de hoy, los casos no volvieron a bajar y parece que todo se va a mantener igual por lo menos 14 días más. El relajamiento, no respetar normas, creernos inmunes a todo no sirvió para nada.

Mientras los espacios abiertos siguen llenos de personas sin barbijo ni respetar la distancia, los casos aumentan,  las islas se queman y la inseguridad nos mata en las calles.

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